Regalame un domingo…

13 febrero, 2012

Un domingo para leer juntos en silencio, para mirarte mientras no te das cuenta y acariciarte el cuello de manera fingidamente desinteresada e intentar hacerte cosquillas.

Un domingo para levantarme temprano, ver como duermes e inventar un desayuno con lo poco que tengo en la nevera.

Un domingo para poner mis pies en la arena y sentir que el mundo es perfecto mientras veo el mar y tu espalda tomando sol.

Un domingo para ver películas románticas que no admites disfrutar, pero que igual soportas por que sabes que no las veremos completas.

Un domingo para tomarte de la mano en un contraataque y besarte en la locura del gol.

Un domingo para no vestirse y pasar el día haciendo el amor y comiendo helado de chocolate.

Un domingo para intentar enamorarte, y que te quedes para siempre.

(De la serie Los que no fueron.)

De todas las cosas horribles que pueden pasarte en tu recorrido amoroso por la vida, la peor de todas es salir con un músico.

Al principio todo es hermoso. Lo conoces en un toque y te enamoras totalmente de su estilo y su porte. Parece totalmente perfecto puesto que es tu banda favorita la que está tocando, y si está ahí es por que comparte tu gusto. Pero no te dejes engañar, en lo que logras hablar con el te explica que aunque los chamos son buenos, son demasiado comerciales, o les falta un buen baterista, o no se le entiende nada al cantante.

Siempre tiene algo que decir sobre la banda, y siempre es malo. Como el es pianista, cantante, compositor, arreglista y manager, nada de lo que ve esta bien hecho, y por supuesto, el podría hacerlo mejor.

Todos los músicos caen en la descripción anterior, sin embargo hay 2 subdivisiones interesantes entre ellos:

Talento en ascenso: Nunca estudió música, aprendió a tocar bajo al oído y compone “tarareando”. Le entregas una partitura y te dice que no la necesita, que le cantes la melodía y el la saca en la guitarra. Tiene una banda formada desde hace 3 años con sus amigos del edificio, con un gran potencial, pero que no ha surgido por que el mercado viciado, por que tienen un enemigo en otra banda que habla mal de ellos o por que no los quieren poner en la radio por no tener para la payola. Su fracaso no tiene nada que ver con que grabaron el sencillo en el patio de su casa en baja calidad, ni que sus letras no tengan sentido, es por que la sociedad no entiende su arte y se venden a las grandes corporaciones. El nivel de peligro es medio. Escucha solo un tipo de música y descalifica a todo lo que no se le parezca. Si eres paciente, capaz de soportar sus aires de grandeza y tienes vena de grupie puede que termines pasando gratis a los toques y coleccionando demos no aceptados.

Mozart moderno: Estudió teoría y solfeo desde pequeño, a los 3 años ya tocaba piano, violin y batería básica. Sus padres lo arrullaban con Queen y Ruben Blades, por lo que en su ipod puedes encontrar a Guaco, The doors, Puccini y unas 35 bandas de las que nunca has escuchado en la vida. Es concertista de la Big Band Jazz y primera trompeta de la OSV, colaboró en el disco de McKlopedia y da clases de chelo a domicilio. Sabe de lo que habla y por eso jamás te dedicará canciones de Arjona o Camila. Lo difícil aquí es estar a la altura y entender que eres una ignorante a su lado. Nivel de peligro: Bajisimo. Si logras salir con un hombre así no lo sueltes, a menos que seas una celopata compulsiva que no pueda soportar a las fans o tu idea de diversión sea ir a bailar regaetton los sábados a la noche. Si eres buena con el en un futuro seguramente serás la musa para un arreglo de cuerdas.

Orgasmo

18 enero, 2012

Un quiebre de caderas comenzó todo, inmediatamente tus músculos empezaron a tensarse y tus ojos se enfocaron debajo de su cintura. Siempre supiste que él, entre todos, era capaz de darte justamente lo que necesitabas.

Todo va pasando en cámara lenta aunque sus movimientos se han vuelto más rápidos y desesperados. Empieza a faltarte el aliento y no puedes concentrarte, todo se vuelve confuso, pero no te atreves a cerrar los ojos y perderte el momento cumbre.

Sube tu temperatura corporal y finalmente dejas salir esa respiración contenida en un gran grito de gol, mientras el resto del estadio te acompaña en el frenesí.

 

El no-príncipe

9 enero, 2012

El no era un príncipe, no tenía armaduras ni caballos, y mucho menos reino. Las mujeres no morían a su paso, su porte no era imponente ni su sonrisa inolvidable.

Era misterioso, callado, ausente, poco amigable, malhumorado, terco y despistado, podría decirse que hasta un poco torpe…

Una vez se negó a batirse en duelo por que no estaba seguro de que valiese la pena. Su cualidad mas fuerte era no creer más que en si mismo.

Yo jamás lo conocí…

Y jamás quise que fuese mío…

La verdad es, que este relato jamás tuvo que ser escrito…

(Viernes, 7 de mayo de 2010)

Hace un año estaba decidida a mudarme de país y ser exitosa fuera de casa. Hoy solo quiero conseguir un buen trabajo y cambiar la cocina de mi apartamento.

Hace 6 meses estaba viendo como eliminaban injustamente a mi selección de la Copa América. Hoy la veo en el primer lugar de la clasificación al mundial.

Hace 2 semanas planeaba casarme con el amor de mi vida. Hoy estoy soltera y viendo comedias románticas en una cama que empezó a parecer muy grande para mi sola.

No les mentiré, el comienzo de año no me parece emocionante, no estoy a la expectativa por las buenas cosas que puedo lograr este año, no estoy haciendo planes ni una lista de propósitos. Esta vez, me la tomaré con calma. Lo que tenga que venir, pues que venga.

Así de simple.

El juego de vuelta.

13 septiembre, 2011

El 13 de abril de este año, a eso de las 3 de la mañana pisé por primera vez en mi vida la ciudad de Buenos Aires. Luego de mucho pensar y reorganizar mi vida me pareció que venirme a vivir a un país con estaciones y mucho fútbol era lo que necesitaba para mejorar el piso en el que me había estancado social y económicamente en Venezuela. Así que me arriesgué a un juego de ida de visitante que duraría casi 8 meses lejos de mi familia y amigos. Mi primera gran aventura internacional, viviendo por mi cuenta y empezando desde cero.

Este 14 de septiembre a eso de las 3 de la mañana, voy a llamar al taxi que me llevara de nuevo a Ezeiza. Exactamente 5 meses después de despedirme de mi mamá en Maiquetía, ella misma me esperará tras la puerta de migraciones para darnos un abrazo y llorar lo que no lloramos en la despedida. Por que han sido 5 largos meses, y no han sido nada fáciles.

No lo logré. Regreso a mi casa con el marcador en contra a pesar de haber logrado mucho de este lado del continente. No se si este momento sea el adecuado para hacer un balance de lo que gané y lo que perdí, no se siquiera si valga la pena seguir revisando una y otra vez que pudo ser mejor o que está mejor después de todo esto. Mucho menos voy a recitar de nuevo las razones por las que me regreso 3 meses antes de lo previsto, ya las he repetido suficiente. Creo que ahora solo quiero que todo este tiempo que falta para estar en mi casa pase muy rápido.

Tengo todo el día para despedirme de la ciudad, una ciudad que amé, que voy a extrañar, pero que no es mía. Del diario deportivo, del delivery, de eso que aquí funciona y en mi país se cae a pedazos, del sofá (tu sofá), de mi cosmopolitan roommate que soportó demasiado, del frío que no se terminó de ir, de los litros de cerveza y del sueño que se cumplió a medias.

Voy a volver. La próxima vez con más ganas (o con menos expectativas), pero volveré por que se que Buenos Aires no terminó de mostrarse para mi, y por que le debo la oportunidad luego de las pocas pero significativas cosas que me dió.

Gracias a todos los que de alguna u otra manera estuvieron ahí a lo largo del viaje. A los de siempre y a los nuevos. Ahora el reto es volver, enfrentarme a lo que dejé en Venezuela y jugar de nuevo, esta vez de local y con el público a favor (espero).

Bajé las escaleras con una mezcla de miedo y nerviosismo. Tenía la excusa perfecta si las cosas no funcionaban, era martes y mis clases comenzaban a las 7pm, así que llegué al teatro a las 5pm para tener el tiempo perfecto y vivir la experiencia completa.

La audición era para cantantes, bailarines y actores de comedia musical. Lo conseguí en una web artística de Buenos Aires mientras investigaba sobre un taller de redacción, buscaban jóvenes con talento sin muchas expectativas monetarias y mucho tiempo libre, y eso se parece mucho a mi situación actual (aunque muchos pondrían en duda lo del talento). Ví mi oportunidad de volver a tener vida cultural, conocer gente y quizá tener un chance en la producción de eventos que se supone es mi nuevo campo laboral. Envié un video de youtube donde cantaba en Venezuela y me convocaron con la promesa de preparar una canción en español para presentarla en en salón de ensayo.

Por supuesto, decidí la canción mientras temblaba bajando las escaleras del “teatro”, una especie de bar con aspiraciones Burlesque en el centro de la ciudad. Justo en el último peldaño empiezo a escuchar una voz femenina exageradamente engolada que cantaba un tango. Luego pude ver el show completo, un espacio lleno de mesas rodeando desordenadamente un pequeño escenario con cortinas rojas, luz baja y piso de madera pintado de negro, en él se balanceaba una señora de 40 y tantos años (pero muy bien conservada) en un traje negro y tacones altísimos.

Me quedé congelada en la puerta del bar. Primero, el sitio estaba lleno de gente, había señoras, mujeres, jovenes, niños, abuelas, hombres y hasta un transexual. Segundo, la señora cantaba con una pista que parecía salir de un reproductor de CD en una de las mesas del público. Es decir, iba a tener que cantar delante de ese gentío, o mejor dicho, hacer el ridículo por que no pensé en llevar acompañamiento, y mucho menos una coreografía como la señora muy parecida a Susana Gimenez que se presentaba en ese momento.

Se terminó el número y un muy atractivo hombre (que luego supe era el director de la obra) hizo notar mi presencia en la sala invitándome a pasar, pensé por 3 segundos en darme la vuelta sin decir palabra, pero terminé sonriendo y sentandome en la silla más próxima.

Lo que vino después fué una de las tardes mas divertidas de mi estadía en Buenos Aires. Una chica de 16 años que imitaba a Floricienta, dos señoras más cantando tangos y milongas, 2 o 3 bailarinas contemporaneas que sufrían en el piso mientras sonaba algún grupo de pop-rock sinfónico experimental, los alumnos de la “escuela de comedia musical fulano de tal” (Ah? Es que eso se estudia?) que presentaban versiones de “Gatos”, “Fama” y “Laca” (si, en español), y hasta un trovador mexicano con aires arjonisticos. Todo muy cómico, todo muy artístico, todo bien pintoresco, hasta que me tocó a mi.

Luego de sacar valor de donde no tenía, subí al escenario dando una excusa poco creíble sobre la inexistencia de material musical de apoyo, hice una presentación breve y luego de contestar las preguntas típicas (Vos sos colombiana? -no, de Venezuela- Ahm, y Chávez como está?) canté la primera canción que se me vino a la mente con los ojos cerrados sin mover mis pies (o cualquier otra parte de mi cuerpo) mas de medio milímetro. Silencio. Luego uno o dos aplausos y la sonrisa del chico al que le dejé la cartera mientras subía. No supe más hasta que otra vedette frustrada subió e hizo su número.

Diego (así se llamaba el chico que sonreía, como ya dije, todos en este país se llaman igual) me tranquilizó diciendo que como era mi primera audición no me preocupara, que se iba quitando el miedo con el tiempo. Luego subió, cantó como un dios y se volvió a sentar a mi lado (afortunadamente) a reírse de los demás convocados, que eran, en resumen, mas de lo mismo fuera de 2 o 3 cosas rescatables. Como el chico que llegó con aparente discapacidad motora y que cantaba versiones en español de Sinatra, unos chicos de provincia que hacían polifonía y 2 chicas que actuaban a lo melodramático y con marcado acento porteño.

Casi una hora y media después se terminaron las audiciones y el director soltó el “no nos llamen, los llamaremos si fueron seleccionados”. Así que tomé mi abrigo y mi cartera y salí lo más rápido posible de ahí. Ya fuera del teatro, Diego me sorprendió mirando la Guía T y me preguntó a donde iba, casualmente también se dirigía a la misma zona así que mientras me acompañaba en el Subte me explicó lo importante que puede ser la Comedia Musical para el argentino promedio. Información muy amplia sobre escuelas, concursos, profesionales, teatros y sueldos que hubiesen sido de mucha ayuda saber antes de meterme en semejante rollo.

Esa misma noche llegó un mail del director convocandome a los ensayos, al parecer le gustó mi desastre de audición por que me envió una escena de Hairspray que justo era mi registro. Todo esto ocurrió 1 semana antes de la Copa América así que obviamente no me aprendí la canción ni me presente al ensayo.

Conclusiones: Definitivamente tengo que investigar mejor sobre la cultura argentina. Si quieres participar en una comedia musical primero ensaya, no importa que tan ridículo sea tu número. Las cuarentonas argentinas no conocen a Ana Gabriel ni Olga Tañon. Y todos los Diegos son lindos y caballerosos.

Ese día de junio estaba sentada en la parte de atrás del jeep de mi novio mirando el mar y cambiandome la pintura de uñas. La cambiaba por que pasaron un par de semanas pintadas de Azul y Blanco en apoyo  a la selección Argentina en el mundial y esa mañana habían perdido ante Grecia la oportunidad pasar a 8vos de final en Japón.

Mi cuñado se acercó a comentar sobre el partido y luego de descargar mi frustración y críticas, comenté que ya sería para el 2006, y que seríamos campeones en Alemania. Fue entonces que el dijo una frase que hoy en día considero que cambió mi vida: “Será SubCampeones, por que Campeón será Venezuela“. La verdad no lo había pensado nunca, por que aunque siempre he amado el fútbol, mis acercamientos con el solo habían sido los equipos de liga española o inglesa y un par de juegos de los “interescuelas”. Sin embargo en ese momento sonreí y le di la razón, quizá un poco burlona ante semejante comentario iluso.

Casi 10 años después estoy sentada en un sofá en Sal Telmo – Buenos Aires, un par de horas después de la eliminación de la Albiceleste en 4tos de final de la Copa América, totalmente nerviosa por que La Vinotinto (nombre con el que se conoce a la selección Venezolana de fútbol) juega mañana en San Juan contra Chile. No puedo pensar en otra cosa.

Hoy luego de casi 10 años, luego de la Era Páez, luego de Los Mentas y de Caramelos de Cianuro, luego del Centenariazo, mi amor platónico ya no es Aimar, su lugar lo ocupó Leo Jimenez. Hoy las camisas de Saviola y Almeyda sirven para pijama, por que en los días de alegría y fútbol uso las de Arango y Rey. Hoy luego de casi 10 años no me duele otra bandera que no sea mi tricolor, por que creo en cada uno de los 23 muchachos que sé dejarán la vida en el estadio Bicentenario.

Nunca pensé que la vida me traería hasta acá, a vivir justo en el país por el que conocí el fútbol, y esperando ver mi tricolor en esa tabla de semifinales. Estoy en el país de Maradona deseando que Farías haga que lo odie menos. Estoy a 6 cuadras de la Bombonera pensando en que mi selección realmente puede jugar esa final en el Gallinero.

Estoy emocionada, nerviosa y a la expectativa. Agradeciendo a la vida esa tarde en playa Caribe, a todas las publicidades de Polar y al imbécil que me llevó por primera vez al olímpico por ayudarme a desarrollar esta pasión.

Soy Vinotinto donde esté. Y seré Vinotinto toda la vida.

El personaje.

10 julio, 2011

El personaje nace de ideas fortuitas. Nace de recordar por casualidad las características de una persona que paso por tu vida quizá sin mas intención que dejarte material para una historia corta. Aveces los personajes solo aparecen con sus manías y decepciones, así de la nada, como almas que van cruzando el mundo queriendo ser parte de algo.

Muchas veces estos personajes son reflejos inconscientes de la vida del autor. Proyecciones malignas llenas de deseos no expresados que como no pueden mostrarse en la vida real, fluyen intensamente en el papel.

Empiezas a hacerlo real en el momento en el que conoce a alguien igual de particular que el. Por que todos sabemos que hay encuentros que pueden partir nuestra vida en dos y es gracias a ellos que se desarrollan la mayoría de los cuentos. Luego empieza a mostrarte su pasado y sus aspiraciones a futuro dándote el material para que cuentes su presente de la manera mas poética posible, por que ellos también quieren ser héroes, quieren ser mártires, quieren ganar los partidos y quedarse en la memoria del colectivo. La inmortalidad literaria.

Sin embargo personaje de este mes no termina de mostrarse. Se que le gustan las mandarinas, los sábados en la mañana y las caricias en las caderas. Me contó que una vez cuando era pequeña se quedo viendo cuatro horas como un niño jugaba con una pelota de rayas verdes. Como tengo buena intuición, te puedo decir que no come frutas y es de las que duerme chupandose el dedo. Sin embargo no puedo verle los ojos, no se hace cuanto se cortó el cabello o que pide en el delivery.

No se muestra. Y es por culpa de ella que este blog está vacío.

“Alargaré mis brazos como ramas
y con ellos rodearé el mar, tus fantasías
y aquella tarde en que por vez primera
de una gota de agua nació el fuego.
Alargaré mis brazos si me dejas
defender la soledad con que te escribo
cada verso, cada tarde, cada océano
acurrucado en las sombras de tu cuerpo.
Alargaré mis brazos muy callado
y regresaré al mismo silencio donde siempre
te recuerdo las mismas veces que te olvido:
el no-lugar donde te sueño.

Ese no-lugar donde te sueño
es tu voz sobre las olas meciendo la tristeza,
el amor invisible que navega a tu lado
sin apenas rozarte.
La noche que sonríe mientras te hiere
con rituales que recorren la flor de tu cuerpo.
Tu ser-de-vuelo, tu secreto en el mar
ahora se desangra y te abre los labios
para que yo muera en ellos de manera inexacta
como la voz sobre las olas cuando mece tu tristeza
en un tiempo en que tú ni eras todavía.”


Antonio José Mialdea

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